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LeopoldoPresas


Leopoldo Presas: El amor en todas sus formas.
Enrique Horacio Gené
Editorial Club de Estudio.Buenos Aires-Argentina.1993

pag 191:Conclusiones

Empezamos a redactar este tramo final de nuestra meditación en Mar del Plata y en enero de 1989. La primera conversación con Leopoldo PRESAS, en relación con este trabajo sobre él y su obra tuvo lugar en su casa de Almirante Brown 822, el 24 de mayo de 1988, dos días antes de presentar nuestro "Pérez Celis", hace ya ocho meses. Podríamos asegurar que sin perjuicio de nuestras otras actividades, esta meditación ocupó nuestra mente durante ese lapso. No concebimos actuar de otra manera cuando intentamos un trabajo crítico. Sentimos que necesitamos posesionarnos del creador y de su obra, con todas nuestras facultades.

Hoy queremos cerrar este largo proceso tratando de extraer algunas conclusiones que aunque puedan haber surgido a lo largo de nuestros sucesivos encuentros, o a través de nuestras opiniones ya emitidas con motivo de los mismos, actúen ahora a manera de colofón aclarador y ordenador.

En 1971, aquél auténtico cazador de verdades, entre esa desorientación que tanto lo preocupaba y atraía- un libro suyo se llamaría "Para contribuir a la desorientación general"- Aldo PELLEGRINI, lúcido crítico de las vanguardias del arte moderno y autor de un trabajo clave sobre las mismas: "Nuevas tendencias en el arte actual", es convocado para prologar una obra crítica de Luis Felipe NOÉ. Dirá el experto: "Somos testigos de un momento de la historia en que todos los valores del pasado están en crisis. Esta crisis que abarca a la sociedad toda, no podía dejar de afectar al mundo del arte. Y no basta repetir con DUBUFFET que "la verdadera misión del arte es subversiva", por que estas certeras palabras son desmentidas por la obra de DUBUFFET, quien ha entrado a formar parte de la sociedad de consumo...El mercado del arte ha alcanzado el grado máximo de confusión y envilecimiento. Promueve y vende la peor chatarra artística como si se tratara de creaciones singulares. Los niveles se han uniformado e invertido: lo torpe e insignificante supera en jerarquía a lo original y profundo. La imperiosa necesidad de lo novedoso se conforma con dar vuelta los trajes viejos. En ese mercado de arte actúan, en proporciones equitativas la estupidéz, la ignorancia y la avidéz de la mayoría de los críticos, coleccionistas y marchands".

Lamentamos no haber sido los autores de tales párrafos y en estos momentos, con algunas salvedades necesarias, pero sobre mucho de lo que señala PELLEGRINI hemos meditado y conversado- y con nosotros PRESAS- a lo largo de estos meses. La anécdota de Toto con DEIRA, en París y frente a la muestra de DUBUFFET- precisamente el artista señalado por PELLEGRINI- está hablando de esta realidad, sentida también por PRESAS y muchos hombres del arte de nuestros días. La reacción necesaria ya se está haciendo oir.
El prólogo de Aldo PELLEGRINI- lo reiteramos- es de 1971. El informalismo y sus secuelas aparecen y se desarrollan entre nosotros en la década del 60. Las series contestatarias de PRESAS: Los Cerdos, Los Personajes y Los Reyes de la Podredumbre, son lanzadas durante ese mismo decenio. Nosotros lo analizamos ahora y lo pensamos ya entonces; pero PRESAS se extrovertió en aquellas series, contemporáneas de los sucesos. En esa obra expresó PRESAS cuanto pensaba sobre el informalismo como un salto al vacío y de la pérdida de la forma como un "desatar la confusión". De esta desorientación, sólo se salvarían, como siempre, los que valían por sí mismos y estaban mucho más allá de lo episódico, aunque en algún momento se inscribieron en él.

PRESAS le dió la mano a la "Nueva Figuración", y caminó a su lado, sin ignorar todo lo otro que pasaba, pero sólo para tomar del episodio lo que le resultaba válido, pintando a lo PRESAS, como había hecho y siguió haciendo, a lo largo de toda su vida. Tal vez sus series se oponen a lo informal, son algo así como la sabia maduración plástica de un fenómeno recién aparecido y mal manejado por quienes sólo imitaban lo que se hacía en las capìtales del arte.

Creemos que aquella confusión que en el 71 señalaba PELLEGRINI, no sólo sigue existiendo, sino que se ha agravado ahora y en nuestro medio, por la aparente necesidad de seguir cada vez con mayor sujeción -conciente o inconciente- tendencias y modas que cosa alguna tienen que ver con nuestra realidad socio-político-económico-cultural. Seguimos mirando hacia afuera, emocionándonos con nuestros emparentamientos con lo que se hace en otras latitudes acuciadas por otras realidades, que muchas veces, también entre ellos sólo son modas, ante la falta de una real creatividad. Muertos PICASSO, BRAQUE y MATISSE, clausurada la posibilidad de seguir imitando a Francis BACON, tal vez por agotamiento de aquél gigante, el arte como el perro, vive persiguiendo su propia cola.

Incapaces de afirmar nuestra personalidad, como en su tiempo lo hicieron muchos de nuestros grandes maestros -no de espaldas a lo que sucedía pero sí de frente a sus propias necesidades creativas -vamos y volvemos "dando vuelta los trajes viejos", o dejándonos mecer por los cantos de desesperanza que pueden ser el leit motiv de otras sociedades más desarrolladas y por ende enceguecidas por la posibilidad de su propio holocausto. Nosostros no aceptamos confesarnos nuestras limitaciones y no aprendemos a buscar dentro de las mismas nuestras reales posibilidades de ser.
Lo que un día gritó MADÍ, o la "Nueva Figuración", no partió de posiciones apriorísticas ni de modelos lejanos, sino del trabajo felíz, fecundo e inaugurador, de individuos que no copiaban sino que necesitaban decir a su manera -que fue nuestra y por eso caminó el mundo y fue seguida e imitada bajo otros prestigiosos cielos- que es la única forma válida de ser uno mismo. Y antes que estos grupos nuestros de la modernidad, Cesáreo Bernaldo DE QUIRÓS, Benito QUINQUELA MARTÍN, VICTORICA, DANERI, CÚNSOLO, DIÓMEDE, LACÁMERA, PETTORUTI, BERNI, Raquel FORNER o DEL PRETE, como ahora PRESAS, GRELA, BARRAGÁN, COGORNO, y tantos otros maestros vivos, abordaron su obra con la certeza de sus propios valores, y la conciencia de que estaban haciendo lo suyo. Sin pensar en universalizaciones de mensajes, ni en circuitos internacionales de venta, sin ampararse en poéticas de acompañamiento que se suponen capaces de sostener lo insostenible, sin creer que para ser argentinos, había que manejar sólo lenguajes universales y sí en cambio, que siendo realmente uno de nosotros, se podía y se puede ser bien recibido en el mundo, y universalizar nuestra individualidad.

Y aquí PRESAS, en este capítulo de conclusiones, y una anécdota suya que lejos de ser una pose lo pinta de cuerpo entero. Hace unos años, Eolo PONS, viejo amigo de los tiempos del aprendizaje con SPILIMBERGO, a quién aquél maestro tenía en gran estima por su talento, decidió radicarse en el Norte de nuestro país, a fin de hurgar entre los vestigios del pasado precolombino, para reconstruir desde el mismo un arte actual. PRESAS confieda que la resolución lo dejó sorprendido. "Se me ocurrió pensar que de hacerlo yo, lo habría sentido como una burla. Fueron mis antepasados los que destruyeron aquellas culturas. Yo desciendo de los genocidas. ¿Qué derecho podía tener para intentar esa suerte de rescate? Desde sus tumbas, aquellos aborígenes me habrían estado odiando". PRESAS cree en lo que cree con todo su ser, lo que podría ser una primera conclusión.

Dijimos en nuestra introducción, escrita casi al final de las largas charlas, que habíamos llegado a querer realmente a este humanista del arte argentino actual, a este especímen humano que sabe en qué cree y cómo defenderlo. PRESAS en su pintura, pero es el amor por muchas cosas que ama. Es el amor en todas sus formas. Nos sentimos felices de poder explicitarlo hacia los demás. Ojalá hayamos sido capaces de haber dejado translucir lo que nos fue dando durante este largo lapso en que trabajamos juntos. PRESAS es un hombre querido y respetado por sus iguales de todas las edades, en un medio poco proclive a exteriorizar afecto hacia alguien y más inclinado a descreer que a aceptar.

En entrevistas personales, lecturas, conversaciones buscadas o surgidas accidentalmente, en las que apareció el hombre PRESAS o su obra, así como en la abundante literatura crítico-periodística que hemos tenido a la vista, se dice de él (aunque realmente no sabemos ya qué se nos dio desde esas fuentes y qué se nos ocurrió pensándolo), que Leopoldo PRESAS es cálido, emotivo, sentimental, fogozo, desbordante pero no desbordado, sensual y cándido a un mismo tiempo, sensitivo, pasional, poético, temperamental, intuitivo, inteligente, vital, irónico, espiritual, piadoso, místico, sensible, idealista,polemista, contestatario, cambiante aunque siempre igual a sí mismo, mágico,hedonista, voluptuoso, lírico, malancólico, felíz, bucólico, espontáneo,espiritual, osado, colorista exepcional, dibujante magnífico, enamoradizo, enamorado de la belleza a la que no teme, enamorado del misterio y tal vez supersticioso, enamorado de la vida, enamorado de la mujer, enamorado de las formas de la mujer, enamorado del amor...enamorado.

Mientras dijeron o dijimos (Tampoco conocemos el límite entre las opiniones ajenas y las propias), que su pintura es musical, sonora, rítmica, subjetiva, ornamental, barroca, joyante, agresiva, íntima expresionista, irreal, rutilante,suntuosa, sabia, esquemática, romántica, hedonista, voluptuosa, matérica, refinada,violenta o serena, o ambas cosas a la vez, según los tiempos y los temas;pero nunca inexpresiva, nunca inerte, nunca falsa, nunca hueca, jamás blanda, pintura-pintura.

A lo largo de esta meditación, no hemos intentado hablar sobre las influencias plásticas que hemos entrevisto o sentido existentes en la obra de Leopoldo PRESAS. Tal vez por que cuando se recurre a esta reubicación por el pasado, siempre se corre el riezgo -riezgo inevitable- de invocar aquellos creadores a los que el analizado se acercó o de los que extrajo algo de la savia de la que está nutrido, pero casi nunca se dice en qué se diferencia de esos nombres que se invocan. Dicho de otra manera, hablar de influencias, aunque se haga seriamente, siempre falsea el problema.

Con este peligro denunciado y asumido, nos atreveríamos a sostener que en PRESAS están presentes todas las tendencias y grandes corrientes del siglo XX. ¿Cómo podría ser de otra manera, en este artista nacido en 1915, en este ser rico en posibilidades y ávido de saber? Sin embargo y ya se impone la primera aclaración, una de sus notas más características , es la casi inexistencia de abstracciones totales, una de las tendencias más distintivas de este siglo, desde muy diversas modalidades. Hemos analizado algunas obras de este tipo, pero son realmente muy escasas dentro de su producción. PICASSO, el diagramador del siglo XX, casi nunca abordó la abstracción total. Tal vez por que esa pasión de forma que siempre delata PRESAS, lo hizo sentirse mejor cerca o dentro del mundo de la naturaleza, cuyos ámbitos, seres y objetos invoca a lo largo de sus casi sesenta años de pintor. PICASSO exigía la existencia de la naturaleza, "para poder violarla".

Tenemos muy presente ahora, en este tramo final de la meditación, en nuestras conclusiones, su retrato de CHESTERTON en casa de Elsa. Las masas del cuerpo y la cabeza se han parcelado, invocando aquella etapa del cubismo (el de PICASSO y BRAQUE, no el de sus seguidores), en que se corría paralelamente tras la síntesis en lo formal-diseñador y la subdivisión en pequeños planos geométricos, de las imágenes que se evocaban. Ejemplo claro de esta etapa picassiana es el retrato de VOLLARD, del que este CHESTERTON tiene mucho en el tono espiritual. Por que en este retrato, que hemos querido señalar de manera tan especial, más allá de la invocación de aquél cubismo inicial, es el espíritu de PRESAS el que se impone sobre lo realizativo en cuanto materia. Y si el de LEGER aflora con motivo del tratamiento de los brazos de ese mismo retrato del inglés, por las buscadas estructuras cilíndricas de los miembros superiores, una nueva conclusión a la que podríamos arribar, sería la profunda renovada y constante espiritualidad que se hace escencia en todo trabajo de PRESAS. El nos lo anticipó y meses de vivir entre su obra nos lo aseguran,la gran influencia sobre PRESAS es presisamente la espiritualidad que pudo transferirle ese eterno adorador de la paradoja existencial que fue Gilbert Keith CHESTERTON.

Paralelamente podemos acotar que sin perjuicio del preciosismo de su dibujo, normalmente de académica y serena clasicidad, malgrado las audacias siempre presente de sus deformaciones, la pintura de PRESAS es color, color esgrimido con absoluta libertad. Pero sucede que cuando el color se dispensa de manera desembozada, persiguiendo altas temperaturas cromáticas, cuando el dibujo lejos de sujetarse a la realidad formal de la convocatoria elegida, plantéa su vez sus propios juegos imaginativos, se suele caer en el facilismo de invocar al expresionismo. Nosotros mismos lo hemos hecho en varios momentos de la meditación; pero ahora, cuando estamos buscando presiciones, en este tramo final del viaje de aproximación a Leopoldo PRESAS y su obra, se nos impone más el intimismo de sus concreciones que ese desborde de su expresionismo gestual que, aunque lo acompaña en muchos tiempos de su creación, no hace en definitiva, a una posible y abierta inclusión de Leopoldo PRESAS dentro de ese movimiento o tendencia.

PRESAS es por esencia, pintor de la intimidad en intimidad, un intimista de inusitada fuerza, que no sólo no descarta la belleza sino que la persigue en cada pieza . Es de ese intimismo que su obra se agiganta, a pesar de que tan reiteradamente se lo pretenda hacer volver a aquellos tiempos en que su pintura ocupaba trincheras en la batalla.

Dijimos y lo sostenemos, que han influido sobre PRESAS todas las nuevas tendencias del siglo XX, pero se nos ocurre que en cada oportunidad reelaboró lo recibido hasta darle un lenguaje tan personal que lo hace distinguible a través de todos sus tiempos creadores, Con una frase que debe sonar a perogrullesca, podemos asegurar que PRESAS es siempre PRESAS. Hecho que por otra parte ya señalamos y con nosotros todos los críticos de nuestro medio a lo largo de los años. Tal como sutilmente lo expresa Osiris CHÉRICO en ese texto que actúa como introito a uno de nuestros tiempos meditativos.

No obstante lo que afirmamos, creemos que salvo en el caso de sus series contestatarias, en las que señalamos la influencia, o la relación de PRESAS con ROUAULT (en lo imaginativo con DAUMIER), suponemos que originariamente lo deben haber conmovido más los expresionistas sajones que los latinos. Estamos pensando en Karl SCHMIDT-ROTTLUFF, en Ernst KIRCHNER o en el Maurice VLAMINCK de los retratos y las figuras. Sin embargo, también de ellos lo separa un tratamiento más tierno y amoroso de la materia plástica y hasta de los temas. Aquellos eran agresivos, con los mismos motivos en los que PRESAS esgrime toda su ternura. Un desnudo del expresionismo centroeuropeo, es un desnudo con toda su carga de provocación, un desnudo que parece haber sido pintado para espectadores vestidos. Un desnudo es en PRESAS -lo hemos meditado largamente- una muestra de su amor por las formas de la mujer, esas amadas formas femeninas que provocan en PRESAS las más empinadas conquistas líricas.

PRESAS llega al color saturado y cuando lo hace alcanza a ser joyante, como tal vez lo han sido a escala mundial Max ERNST y entre nosotros Blas MAZA. Pero el serlo, no lo lleva a PRESAS a pretender significar que esa visión joyesca sea el gran hallazgo final de su obra, sino que Leopoldo escala esta posibilidad en alas de un deseo ferviente de tratar determinados temas -sobre todo el desnudo femenino, los fondos de esos mismos desnudos y muchas de sus flores y naturalezas muertas- como un orfebre trabajaría la puerta de un sagrario. Y es que también él, como Gauguin, siente a veces la necesidad de rescatar "el otro de sus cuerpos".

Nadie puede dejar de evocar a Bonnard, cuando se piensa en PRESAS, pero también en eso hay algo de esa actitud excesivamente entomológica, que busca clasificarlo todo. Tal vez el parentesco surja de que también PRESAS es un gran colorista y al llegar a esta adjetivación del quehacer plástico, no se pueda soslayar al francés -supremo francés- que se separó del postimpresionismo para caminar su propia senda y terminó nucleando en su derredor a quienes querían reconquistar el color-color, alejándose de los mecanismos cientificistas de los impresionistas y de aquellos contemporáneos suyos que iniciaban los análisis luminosos del puntillismo, los gigantescos SEURAT y SIGNAC. Al invocar a BONNARD como influyendo sobre PRESAS, se ha pensado poco en que a los bordes perdidos de las figuras del maestro francés, a la fusión de las mismas con los fondos de los ámbitos en que las ubica, a los espacios reales de su pìntura también intimista, opone PRESAS esa pasión de forma que no sólo delata al teorizar, sino que se hace esencia en cada una de sus creaciones. Figura y fondo, fondo y figura, dialogan en PRESAS de manera totalmente distinta que en su admirado BONNARD, por lo demás, si el espacio es en el francés reál, en PRESAS es apenas un espacio posible, sobre cuya calidad hablaremos enseguida.

¿Por qué decimos de alguien que es un gran colorista? Por que frente a cada una de sus telas se tiene de que la gran batalla la ha librado el pintor con la materia, tratando de obtener de ella la mayor variedad de tonos y medios tonos posibles, dentro de cada color o de un determinada temperatura. PRESAS puede jugar al infinito con las gamas ocultas de cada uno de los primarios o sus complementarios. El gran colorista no sólo recurre a la estridencia de las gamas altas (muchas veces se supone que es más colorista quien trepa hasta el alarido del color), sino que puede serlo con tierras y ocres, en esa escala grave donde paradójicamente el muy dotado puede amasar sus milagros de color. Basta pensar en mucha obra de la Serie de Los Puertos, de PRESAS.

Hemos hablado ya de la realización plástica, del color, de las imágenes y figuras y de los fondos. Sin embargo, algo que no hemos visto analizar en este Leopoldo PRESAS y que creemos hace a su verdadera personalidad impar, es que ha creado para su pintura, sobre todo para sus desnudos y sus naturalezas muertas, incluyendo sus flores, un auténtico espacio cubista, en tanto el cubismo transformó el espacio visual a partir de la destrucción del espacio real y hasta el virtual como posible. Por que contra todo lo que se ha sostenido en otro exceso de simplificación, el cubismo nunca fue la exclusiva geometralización de las formas, sino y ante todo una transformación del espacio visual. Por ese lado, la herencia picassiana está mucho más cerca de PRESAS de lo que a primera vista pudiera suponerse. Es más, extremando la interpretación podríamos llegar a sostener que, como PICASSO -ejemplo por antonomasia de esa intención- PRESAS ha perseguido a través de los años resucitar todas las posibilidades de la pintura clásica, con los medios teórico-realizativos del cubismo, y por ende, sumergió a sus figuras en ese espacio de esencia tan especial. Podríamos sostener que PRESAS apela y esgrime un clasicismo cubista en el que aflora -es necesario acotarlo como nota distintiva- cierto barroquismo moderno con el que gustaba jugar también PICASSO.

Asimismo es necesario señalar las diferencias abismales de PRESAS con lo esencialmente clásico, a fin de que tampoco por este camino se llegue a una deformación. PRESAS no se somete, ni se sujeta a cánones preestablecidos, esencia de la clasicidad; PICASSO tampoco. PRESAS no finca la eficacia de su obra en reglas no precisiones "avant la lettre". Su pintura nace siempre de la serena aunque volcánica prepotencia de sus sentimientos. Casi diríamos que de su humor: satírico en las series contestatarias, casi hedonista en sus desnudos y en sus flores, faústico y voluptuoso en su Serie "Eros y Presas" o místico - aunque no melancólico- en sus Cristos y en su pintura religiosa en general.

En PRESAS, en todo PRESAS, impera el orden. El PRESAS que ama la forma y canta a la belleza, no concibe a una ni a la otra, sino como hijas de un rigor que se hace obra, más por la prepotencia de sus sentimientos que por su esquematización realizativa. El misterio, el duende, el prodigio, el milagro, la gracia, se dan desde PRESAS , aunque él suponga estarlos invocando, buscando en su derredor, para que su arte sea posible. Hay un orden interior PRESAS, que se exterioriza en todos sus tiempos hacedores; pero la pintura de este Leopoldo nuestro, sale más de su corazón que de la cabeza.

En pocos motivos esto se hace tan evidente como en sus mujeres desnudas. La pincelada acaricia la piel de los brazos y de las piernas, del vientre y de los pechos, mórbidamente, dando a entender que dentro de ese dibujo tantas veces tan arbitrario o no natural, se diseñan anatomías que él sintió así, que así palpitaron desde un corazón que moviliza su mente y sus manos.

Por ahí un antepasado sutil y creemos que nunca señalado de este Toto que desde "La Mosca" alcanzó la Academia Nacional de Bellas Artes, Kees VAN DONGEN, aquél lujurioso de las formas, holandés de nacimiento, parisino por adopción, quien pudo ser nada más que un figurinista del entorno social de la Belle Epoque, si su sabiduría dibujística y la gracia de su color no lo hubieran exaltado hasta lugares decisivos de su tiempo. PICASSO atesoraba un VAN DONGEN.PRESAS tiene mucho de la gracia mundana, sabiamente manejada, de aquel del París de principios y fines de siglo.

Cuando se es dotado e inteligente, además de sanamente curioso e informado, el pasado viene a uno andando caminos harto disímiles. El KLIMT de la Secession Vienesa puede haber aportado su cuota de sensualidad irreal a muchos pasajes de la obra de este PRESAS, de quien nos ocupamos a lo largo de estos meses. Tal vez aquella etapa surreal en la que participó desde Orión, sin mucho entusiasmo, pudo haber sido otra de haber tenido presente entonces a este KLIMT que luego asomaría en su obra como sin querer.

Comprobamos al término de nuestra larga meditación, que no hemos dedicado en forma expresa un tiempo de la misma al dibujo de PRESAS y comprenderemos que debimos hacerlo. Ese dibujo al que en una muestra realizada a mediados de 1988 en la Galería Sisley, un crítico de un diario de primera línea trató de pasatista. Pocas veces en los últimos años hemos asistido a una tan clara y decisiva lección de dibujo, como en esa exposición. Entonces se nos ocurrió pensar que esa absurda visión crítica del gran arte como algo que pertenece al pasado, puede ser una de las culpables de lo que está pasando en el terreno del arte a escala mundial. Ya no existen las grandes figuras que otrora señoreaban marcando rumbos a la actividad, señalando los caminos de las nuevas posibilidades. Entonces hay quienes se siguen conmocionando, quienes necesitan de "los viejos trajes dados vuelta", de Aldo PELLEGRINI. Les interesa mucho más eso que la presencia de un verdadero artista de nuestro tiempo, de un dibujante como PRESAS, que no siente la necesidad de deslumbrarnos con peripecias que no necesita y que prefiere darnos lo mejor de sí, desde sí , que todavía es mucho.

El dibujo de PRESAS apela a las múltiples posibilidades de quien sabe todo en ese terreno. Es sintético cuando de encontrar la esencia de las formas se trata. Es analítico cuando en relación con una misma figura, extrae de ella las múltiples posibilidades formativas y descriptivas que le permitan jugar audacias serias que disimulan su destreza. ¡Tampoco es cuestión de estar haciendo alharaca con lo que uno sabe!.

El dibujo de PRESAS es incisivo y limitante, cuando a la manera de los maestros japoneses, la línea que aparentemente contornéa, sin el auxilio de sombra alguna va generando paralelamente los volúmenes y las oquedades, realzándo pómulos, labios, pechos o nalgas, deprimiendo los ojos, el interior de la oreja, las axilas o los contornos del vientre. ¿Cómo se puede acusar de pasado de moda a un dibujo tan sabio? En otras oportunidades la línea se engrosa o afina, en distintos tramos de la figura o del objeto, generando suertes de crescendos o de largos ralentados, como hace el músico en distintos movimientos de una obra. Como hay momentos en que la interrupción de esa misma línea, actúa a su vez como un hiato, un silencio que no sólo no irrumpe la dicción, sino que le da sentido al resto.

El dibujo de Leopoldo PRESAS es todo sabiduría. Años y años de oficio conquistado y de sensibilidad natural -esencia de su personalidad creadora- le han permitido generar ese real universo de formas, ese mundo de seres, ámbitos y objetos que ya lo perpetúan y le asignaron un lugar en la historia de nuestro arte, cuando aún se encuentra en pleno vigor y en la última etapa de nuestras charlas, iniciando lo que será sin duda una nueva de sus series: "La Onírica ".

PRESAS ama como aman los hombres, a todos y a cada uno de los hombres y en especial a quienes viven sus mismas ansiedades en el terreno del arte. Por eso luchó y con éxito -desde posiciones que no buscó y le fueron conferidas por sus iguales- en beneficio de sus colegas en el arte. Ganador de todas las distinciones a las que puede aspirar un creador argentino, accede incluso a un sillón de la Academia Argentina de Bellas Artes, sitial que pocas veces ha ocupado por algo que pertenece a la intimidad de su personalidad de solitario, a pesar de la multiplicidad y profundidad de sus afectos.

Enamorado del amor, el amor le cantó a lo largo de toda su vida, en la interminable serie de sus desnudos, de sus mujeres desnudas y en esa saga del amor acto, del erotismo consumado que con óleo sobre el papel de diario, trazó hace más de veinte años, conmoviendo al público y a la crítica de Buenos Aires. Amador del amor, consciente de la limpieza de sus mecanismos, Leopoldo PRESAS señaló de una vez y para siempre -plásticamente en su " Eros y Presas"- las esenciales diferencias entre erotismo, obsenidad y pornografía.

Pero PRESAS también ama a Cristo. Lo dice mientras conversamos y lo concretó en la conmocionante serie de sus Cristos y de sus otras pinturas religiosas. PRESAS ama a Cristo, aún cuando no sea un cristiano cumplidor de los ritos: pero de la mano de Gilbert KEITH CHESTERTON fue capaz, ya adulto, de cruzar ese Rubicon que separan las sombras de la luz. El hecho de que se explaye sobre el tema de su fe con tanta frescura y espontaneidad -más allá de que compartamos la misma fe con igual entusiamo- nos hace creer aún más en su fortaleza, en tiempos en que el agnosticismo parece ser la actitud que obligadamente pretende consubstanciarse con "la intelligentsia".

PRESAS respeta cuanto los hombres creen y cuanto actúen en concecuencia de esas creencias y como lo dijimos en nuestro trabajo, jamás le escuchamos un reproche airado, ni le oímos tratar despectivamente nada, ni a nadie. Sabemos que cuando disintió lo explicitó plásticamente y que no utilizó mecanismos extrapictóricos, ni actitudes que buscarán desagradar o agredir.

Con nosotros fue de manera particular un exelente anfitrión y un colaborador amplio de nuestro trabajo. Poco locuaz por personalidad y menos aún proclive a hablar de sí mismo, se fue haciendo a la idea de que estábamos dispuestos a indagarlo casi despiadadamente y terminó entregándose con auténtico sentido de amistad. Creemos que eso el algo que le deberemos por siempre a esta meditación. El habernos hecho conocer a un ser que admirábamos a través de su obra y haber trabado con él una amistad que esperamos se solidifique con el tiempo.

Aquí está pues, nuestro "Leopoldo PRESAS. El amor en todas sus formas. Meditación en torno de un humanista de nuestra plástica". Quiera Dios, el mismo Dios de PRESAS y el de todos los hombres del mundo, que el lector pueda a través de nuestro trabajo, acercarse a la mejor comprensión y valorización posible de este Señor de La Boca, caminante otrora del mundo, que decidió recalar definitivamente entre nosotros.

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