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Ningún ser humano es ilegal

adm | 20 Marzo, 2009 10:55

Nuevas xenofobias, nuevas políticas étnicas en Argentina

Alejandro Grimson

“ningún ser humano es ilegal” (grafitti)

Durante los años noventa el gobierno argentino y los medios de comunicación anunciaron en diferentes oportunidades que estaba llegando a la Argentina una nueva oleada de inmigrantes, comparable a la transatlántica de fines del XIX y principios del XX. Sin embargo, esta vez las personas provenían de Bolivia, Paraguay y Perú. Esa era una demostración para el gobierno de que la Argentina había ingresado al Primer Mundo. Alemania tenía inmigrantes turcos, Estados Unidos mexicanos y la Argentina, bolivianos.

En esa década varios países de América Latina incorporaron la multiculturalidad a su Constitución Nacional, a sus leyes y a las políticas del Estado. Agencias internacionales y líneas de financiamiento promovían el fortalecimiento de grupos tradicionalmente excluidos, no reconocidos.

El sistema migratorio del cono sur: ¿un cambio sociodemográfico?

En el cono sur de América Latina los desplazamientos de personas y grupos humanos tienen una larga historia en la cual existieron distintas zonas de origen y de destino de los migrantes. Tradicionalmente la Argentina se caracteriza por una atracción como país de destino de los migrantes limítrofes. Otros países del Cono Sur -Paraguay, Uruguay y Bolivia- son fundamentalmente países de envío. En el caso de Chile, que tradicionalmente era sólo un país expulsor de población (con importante presencia en la Argentina), comenzó a atraer crecientemente inmigrantes dentro de la región en los últimos años.

Oleadas de discursos xenófobos

En los 90 surgieron oleadas de discursos xenófobos en momentos que probablemente coincidían con tendencias de regreso de inmigrantes a su país (mediados y fines de los '90). El pronóstico del canciller Guido Di Tella acerca de que "en el 2020 el 20% de la población [en la Argentina] será boliviana o paraguaya", se acompaña de una política de identidad sintetizada en dos frases del mismo funcionario: "We want to be near the rich and the beautiful" ("Queremos estar cerca de los ricos y los bellos"), y "We don't want to be with the horrible people" ("No queremos estar con gente desagradable"). Así, la migración limítrofe tropieza y hace entrar en crisis el imaginario secular de las élites argentinas de constituir el reducto europeizado en América Latina. Eduardo Duhalde, por entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, lanzó en el mes de junio de 1995 un Plan Laboral cuyos ejes eran el asfalto de calles y la persecución de trabajadores ilegales, planteando una "defensa del trabajo argentino

Dos encuestas de opinión pública muestran el cambio producido entre 1999 y 2002. Frente a la pregunta de si estaba de acuerdo en restringir el ingreso y permanencia de inmigrantes, el 77% decía que sí en 1999 y el 51% contestaba afirmativamente en 2002. Mientras sólo el 18% estaba en desacuerdo con mayores restricciones en 1999, el 42% se oponía en 2002. Frente a la pregunta acerca de si una mayor restricción podría solucionar el problema de la inseguridad, en 1999 la opiniones se dividían entre un 45% que creía que sí y un 46% que pensaba que no. Ahora, en 2002 el 77% consideraba que mayores restricciones no resolverían ese problema y sólo un 18% pensaba que sí lo resolvería (Casaravilla, 2003). Estos datos alimentan nuestro argumento de que los inmigrantes de países limítrofes tuvieron un lugar específico en los imaginarios sociales de los años noventa y que ese lugar fue modificado al producirse cambios profundos acerca de cómo la Argentina se imagina a sí misma.

Los reclamos etnicizados se difuminaron durante 2002, mientras protestas indígenas articulaban una marcha con piqueteros en la Capital Federal, migrantes paraguayos y bolivianos se integraban a movimientos de desocupados, y en algunos casos se convertían en referentes centrales de luchas sociales por planes de empleo o en fábricas recuperadas. Referentes étnicamente desmarcados, en el sentido de que se constituyen básicamente como vecinos del barrio o trabajadores. Paradójicamente, los desplazamientos de contingentes humanos, habitualmente asociados a los procesos de globalización y regionalización, en lugar de impulsar la constitución de ciudadanos del mundo parecen tender a empujar a miles de hombres y mujeres a vivir en un cuarto mundo, sin ciudadanía. Será necesario, entonces, comprender que la regionalización no sólo puede potenciar el desarrollo económico, sino también el desarrollo humano integral. Que, como dice un graffiti pintado en un barrio porteño, “ningún ser humano es ilegal”

info...http://www.clarin.com/diario/2008/09/04/conexiones/cayucos.html


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